Viviendo un día a la vez

(Gloria Q. de Morris, Editorial, Enero 1991)

            Cuando celebramos un año nuevo pensamos en los 365 días que tenemos por delante y hacemos planes, pero al mirar hacia el año anterior nos damos cuenta con qué rapidez pasaron los que dejamos atrás y entonces exclamamos : "¡Cómo vuela el tiempo!", y quizás nos lamentamos de lo poco que hemos hecho en ese tiempo que ya no nos pertenece porque es pasado.

            Milton, el autor de "El Paraíso Perdido" decía: "Las horas tienen alas y vuelan hacia el Autor del tiempo, portando las nuevas de uso que les hemos dado." Si pensáramos en esa verdad, despediríamos nuestras horas con mejores "informes" y no las dejaríamos pasar ociosas.  Perder el tiempo es un pecado común, pero rara vez escuchamos que se confiese. En cambio, sí oímos decir frecuentemente : "No me alcanza el tiempo."

            El Señor nos da a cada una la misma cantidad de horas; lo importante es qué hacemos con ellas.  Moisés además nos recuerda la brevedad de la vida: "Acabamos nuestros años como un pensamiento"; son "como la hierba que crece en la mañana ... florece y crece, y a la tarde es cortada y se seca."  Precisamente por eso él hace una súplica: "Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría."

            Cada día puede representar una nueva oportunidad.  La rutina de hoy podrá ser similar a la de ayer, pero con todo siempre hay algo diferente. El llamado del cartero despierta expectativa; así también debiera suceder con el albor de un nuevo día "Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios." Cualquier día puede traernos un mensaje de Dios, en la forma de una persona o una experiencia. Podrá ser un vecino necesitado enviado por Cristo para ser servido, o una ocasión para testificar del Señor.  Quizás una alegría inesperada para alentarnos, o alguna emergencia que nos permita experimentar de nuevo la suficiencia de Dios que siempre está presente.  O pudiera ser una aflicción repentina: los ángeles de Dios a veces vienen con vestidos sombríos, que esconden sus vestiduras radiantes.  Traen pruebas que en el presente quizás resulten gravosas, pero cuyo final es para bien.

            Aún cuando el día no depare nada especial, su misma falta de novedades es un don divino.  Los trechos de camino llano son gratos después de los ascensos y descensos.

            El objeto de cada nueva etapa del viaje de la vida, aunque esté limitado a un solo día, es llevarnos más cerca de la meta, y esa meta es Dios.

            No sabemos qué puede deparar un día, pero Dios sí lo sabe, y también sabe de qué cosas hemos menester. David afirmaba: "Mas yo en Ti confío, o Jehová; .. Tú eres mi Dios, en Tu mano están mis tiempos" (Salmo 31: 14,15).  Hay una tribu en África que traduce la última parte de este versículo de esta manera: "Todos los por qué, cuándo y dónde de mi vida están en sus manos." Qué pensamiento tan sencillo pero a la vez tan profundo.

            ¿Qué nos deparará este año nuevo? No lo sabemos, pero recordemos que el Señor nos pide vivir un día a la vez, y que éste sea para Su gloria.