Gloria Q. de MorrisGloria Q. de Morris

 

Sublime Gracia 

por Gloria Q. de Morris

   Hay palabras que quedan grabadas en nuestra mente, y tienen un efecto vivificante que promueve y mantiene un deseo latente de ahondar más en su significado, y disfrutar de sus beneficios.

   Pienso en esa sublime gracia, que en su uso bíblico, es una expresión que abarca toda la abundante provisión de Dios a nuestro favor. Las Escrituras nos indican que esa gracia no solo es adecuada sino también está disponible para satisfacer todas nuestras necesidades. Así Juan nos asegura “De su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia” mientras Pablo agrega: “Poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia”.  Por su parte Santiago afirma que Dios “da mayor gracia”.

   Dios nos proporciona más gracia de la que podemos emplear. No pensemos que podemos agotar los dones que nos da, porque eso es imposible. Antes bien, apropiemos la necesaria para hoy, sabiendo que el río de Su gracia fluirá mañana para suplir lo que haga falta entonces.

   Dios da más gracia de la que necesitamos. Al explicar la provisión de Dios para nuestra salvación Pablo nos recuerda “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. Nada falta de esa maravillosa gracia salvadora. Tampoco faltará la gracia santificadora para la labor diaria del Espíritu a través de la Palabra de Dios.

   El concede más gracia de la que esperamos. Vivimos en una sociedad que da lo menos posible a cambio de la mayor cantidad de dinero, y por eso quizás nos cueste ajustar nuestro pensamiento a la abundante provisión de Dios.  Hay quienes parecen creer que Dios da gracia para la salvación, pero no lo suficiente para el vivir diario. Sin embargo, el mismo río que fluye para nuestra salvación, lo hace para nuestra santificación y nuestro servicio, ya que El “da mayor gracia”.

   El nos otorga más gracia de la que pedimos. Hay quienes se acercan a Dios pensando que están abusando o aprovechándose de Él, como si estuviesen interrumpiéndolo en Su labor al pedirle más gracia. Quizás el Señor les conteste “Llena tu vaso, he puesto a tu disposición toda Mi gracia”

El río de Su gracia fluye para cada necesidad tuya, cada día, cada prueba, cada tristeza, cada problema, cada gozo, y cada servicio.

   Solo los orgullosos escogen vivir sin los recursos de Su gracia. Pero nosotras humildemente nos inclinamos cada día y llenamos nuestro vaso con esa abundante fuente.