Acerca de la autora

Jocelyn nació en Honduras, de padres misioneros, aunque desde su adolescencia vive en Escocia. Estudió Filología en la universidad y ha enseñado música e idiomas en Edimburgo, donde vive con su esposo. Tiene tres hijos. Comenzó a trabajar con Caminemos Juntas hace 10 años, como redactora. Actualmente administra la página web de la revista.

 

¿Crees en milagros?

Por Jocelyn Anderson

Imagina que un día abres el grifo y sale un chorro de vino en lugar de agua. Esto mismo pasó en la ciudad italiana de Marino.

Cada año, la ciudad celebra la Fiesta de la Uva ofreciendo vino gratis en la fuente de mármol de la Plaza Mayor. Pero por equivocación, en esta ocasión, las tuberías que suplen el vino directamente de la fábrica fueron conectadas a la red del consumo doméstico. Una mujer comentó como, cuando abrió el grifo para fregar el suelo observó que extrañamente el agua era amarillenta y tenía un olor dulzón. Y añadió, ‘La noticia rápidamente se corrió de boca en boca y todo el mundo lleno de vino cuantas botellas y garrafas de plástico encontró por casa’. ¡Vaya sorpresa!   

Esta historia inmediatamente me trae a la mente aquella ocasión en los Evangelios cuando Jesús transformó el agua en vino, y decidí leer de nuevo la historia en Juan 2. ¿Puedes imaginar que embarazoso sería quedarse sin comida o sin vino durante el banquete? Que terrible hubiera sido si en el banquete de boda de  mi hija, nos hubiese pasado lo mismo.

Lo importante de esta historia es que fue el primer milagro o ‘señal’ de Jesús, así es como lo describe Juan (v 11). Hasta ese día, Jesús no había demostrado su poder, aunque su madre conocía desde el principio que él era especial (Lucas 2:19,51). Pero en aquella boda, los discípulos fueron testigos de algo asombroso y desde entonces comenzaron a creer que El era el Mesías. Según nos comenta Juan en el versículo 11, fue en ese momento donde Jesús ‘manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en El.’

La señal apuntaba no al milagro en si mismo, sino al que lo hacía, a Jesús. Los milagros eran prueba de su divino poder y majestad. ¿Cómo es posible que el agua se convierta en vino? No hay explicación que valga, aquello era un milagro.

Jesús siguió haciendo otros muchos milagros que afirmaban su divinidad. La multiplicación de los panes y los peces (Juan 6:14,26,30) nos enfatiza que Jesús es el Pan de Vida. La curación del ciego (Juan 9:16) nos enseña que Jesús es la Luz del mundo. Y la resurrección de Lázaro (Juan 11:22-27) nos pone en contacto con un Jesús que tiene el poder para dar vida espiritual y vida eterna.

¿Si hubieses visto con tus propios ojos estas cosas, pondrías tu fe en Jesús? ¿Y qué sucede en el día de hoy? ¿Ves milagros en tu vida que te convenzan o incrementen tu fe en un Dios increíblemente poderoso?

Hace poco estaba hablando con una amiga cuya hija ha estado luchando contra la anorexia. Tanto empeoró que tuvo que ser ingresada en un hospital. La familia estaba totalmente desesperada viendo como esta preciosa joven moría de malnutrición. Sin embargo, durante las últimas semanas han sido testigos de un milagro, ha comenzado a comer de nuevo y a ganar peso. Mi amiga está convencida que es la respuesta a multitud de oraciones hechas a su favor, y que verdaderamente este es un milagro. Las palabras de mi amiga me impactaron: ‘Mi fe ha sido tan fortalecida a través de este milagro. Creo que mi hija será totalmente sanada.’

La próxima vez que abras el grifo, reflexiona en aquellos milagros que Dios ha hecho en tu vida y alábale por aquellos que aún están por suceder.